Exit Humanity


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Edward Young lo ha perdido todo, incluso el rumbo de su vida. Su pena y desesperanza son solo el pálido reflejo de la perdida de la propia raza humana. En plena guerra civil norteamericana, 1870 es una mal año para viajar por Tennesse; más si cabe cuando hordas de muertos vivientes pululan hambrientas por los campos de batalla arrasados. Desde esas tierras baldías, Edward emprende un dramático periplo en pos de dar descanso a las cenizas de su querido hijo. Para país dividido, en un periodo oscuro de miseria y también liberación, solo el honor brilla como faro antes de que una nueva nación nazca muerta.

Otra nueva película que se une a un subgénero, el de muertos vivientes, que parece sigue viviendo una época dorada (series, comics, libros, video-juegos…), pero que, a mi humilde parecer, pasa a engrosas la lista de proyectos interesantes aunque, debido a la saturación del mercado cinematográfico, lo hace con la más que probable condena de pasearse sin pena de gloria entre los aficionados al terror. Desde luego, nuestros amigos cadavéricos están siendo sobreexplotados, intuyéndose el final de un ciclo cuando los muertos vivientes dejen de ser rentables para los productores – responsables reales de este auge -.

Y eso que Exit Humanity cuenta, a tenor de sus imágenes, con un cuidado diseño artístico – muy interesante el uso de animación tradicional -, buenos maquillajes – algo primordial para evitar caer en el ridículo al que se ven avocadas la gran mayoría de producciones independientes sobre redivivos -, un elenco muy experimentado y un marco que aporta algo de aire fresco a miles de producciones de tinte apocalíptico-zombie.

El director y guionista John Geddes (curiosamente productor de la tangencialmente opuesta Mosnter Brawl) para abordar con garantías un proyecto, que no carece de ambición, se ha rodeado de una caterva de rostros bastante curtidos en lides terrorífico fantásticas: Bill Moseley (La Casa de los 1.000 cadaveres), Dee Wallace (E.T., Cujo) o Stephen McHattie (Pontypool, Watchmen, 300). Y aun siendo el marco histórico del guión lo más reseñable, especialmente para los espectadores estadounidenses, me quedo con la seriedad – muy cercana a la enorme Stake Land – usada en el enfoque del drama humano inherente a todo conflicto armado; combinándose muy crudamente con el horror de un apocalipsis zombie.

Info | Almas Oscuras 

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